Por Uyime Ekefre
La indignación estalló en las calles de Michoacán tras el asesinato del alcalde Carlos Manzo, desatando una ola de protestas donde la policía antidisturbios empleó gases lacrimógenos para contener a manifestantes que exigían justicia y coreaban consignas frente al Palacio de Gobierno estatal.
Testigos reportaron que una mujer resultó herida durante los enfrentamientos, siendo auxiliada en medio del caos por otros manifestantes y periodistas. La multitud, ondeando banderas mexicanas y carteles de protesta, coreaba "justicia para Carlos Manzo" mientras algunos golpeaban las puertas del recinto gubernamental.
Los manifestantes expresaron su frustración ante lo que describieron como una creciente violencia, señalando tanto a grupos delictivos como a funcionarios corruptos. "Estamos cansados - los cárteles y los funcionarios corruptos están destruyendo vidas. Ya es suficiente", declaró uno de los protestantes.
Este incidente ocurre en un contexto de creciente violencia contra funcionarios públicos en México, donde el clima político permanece volátil. La ira ciudadana se ha visto alimentada por otros episodios recientes, incluyendo el asesinato del líder sindical Bernardo Bravo en octubre. Los manifestantes acusan tanto al crimen organizado como al gobierno de complicidad en el deterioro de la seguridad.
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